jueves, 16 de julio de 2009


Hay días sombríos, y otro días radiantes... Hoy amaneció nublado, con una pequeña llovizna casi imperceptible pero que humedecía con su rocío el parabrisas del auto mientras llevaba a mi hijo al Colegio para que asista a su ultimo día de clases antes de salir en vacaciones forzadas por la bendita Gripe AH1N1. Mientras conducía sentado frente al volante tuve la sensación de estar solo, mi hijito iba callado, como si percibiera que debía contribuir con esa extraña sensación de soledad. El día estaba más sombrío que nunca, un rayíto de sol era un pedido imposible para Dios el día de hoy, pues la naturaleza había preferido gritar melancolía.

Son cosas muy distintas eso de sentirse solo y estar melancólico, aunque muchas veces van ligadas, pues uno podría ser efecto del otro, lo cierto es que hoy me encuentro melancólico, debe ser el frío que cala mis huesos y provoca abrigarme más, hoy me encuentro triste, sin existir razón alguna, pero en el colmo de la desazón me siento solo, solito, solitario, como el llanero... pero sin su caballo.

Suena difícil evaluar una situación llena de gente pero sintiéndose solo, como aquel chiquillo sentado en la esquina de la Discoteca, esperando que le nazcan las agallas para sacar a bailar a la chica de enfrente; - a esa que se lleva a la boca el pico de una botella de gaseosa anaranjada con dulzura y sensualidad, que sonríe con todo el rostro iluminando el espacio cual fugaz luz de discoteca, que termina su gaseosa y agita su cabello ondeado y frondoso, que conversa con sus tres amigas y vuelve a sonreír para iluminarlo todo nuevamente; - pero nunca le nacen las agallas, y se queda sentado, escuchando la música, viendo bailar a los demás, pero sigue solo.

Hoy necesito compañía, necesito sentarme frente al fuego y conversar entrañablemente con alguien que me quiera, hoy no es buen día para trabajar, hoy es el día para hablar de trivialidades, de hacer locuras, de embriagarte con ella; (la chica de la discoteca); y hacerle el amor hasta el atardecer; y desnudos y abrazados dormir hasta el amanecer;... tal vez mañana salga un mejor sol.

COMO OLVIDARTE

martes, 19 de mayo de 2009


fotos yaneth
Hace solo unas horas que acabas de partir, aun veo las lagrimas cayendo por tus mejillas,  tu cabello lacio recién cortado y tu mirada de niña, tierna, dulce, distraída. Aún persivo tus ganas de quedarte, y siento las mías de que así sea, pero no se puede luchar contra el destino. Tengo grabadas tus ultimas palabras, tus frases de cariño, tus suplicas de perdón, tu bendición y tu perdón hacia mi y los míos; señales de arrepentimiento inapreciables en dinero, invalorables... pero tardías.. muy tardías.

Aun recuerdo tu mirada de miedo al acercarte a aquella casa, tu desaliento, y también tu resignación. El mundo se acababa para ti, según dijiste - jamas nos volveremos a ver - fueron tus palabras en tono apocalíptico, como si fuera la despedida de un suicida; debo reconocer que tus palabras me asustaron, pero además me dieron mucha pena, rabia de mi mismo y de las circunstancias, yo no podía hacer nada, me sentía impotente, como aquel policía que lleva al condenado hacia el paredón y escucha sus ultimas palabras, sus ultimas suplicas y la ultima vez que gritaba su inocencia pese a haber sido condenado por el tribunal, ya nada podía hacerse, ya la decisión había sido tomada.

Recuerdo como llegaste a la casa, con tu mirada esquiva, pero dulce, con tu voz callada al extremo, y tu vestir desgarbado y algo sucio, eras como un animalito inocente, abandonado, desvalido, necesitado de amor, de cariño, de afecto... con esa necesidad extrema de tener una familia; ... por fin una familia... desconfiada como solo tu podías ser, estabas segura que nadie te quería ni podía hacerlo, no creías en Dios, o más bien te negabas a creer, pues como yo pensé algún día, ¿cómo puede existir Dios en un mundo como el nuestro?, ¿cómo puede permitir tantas injusticias?; Dios solo estaba para algunos desde tu concepto, ¿para que perder el tiempo?; él estaba demasiado ocupado resolviendo los problemas de otros, no los tuyos, eras demasiado insignificante para él, al menos eso pensabas tú, sin saber que Dios trataba de ayudarte a gritos y tu no escuchabas,... tu no escuchaste nunca.

Como olvidar tu primera rabieta, y como borrar la última, aquellas pataletas de niña mimada habían marcado un estigma en ti, ese que debías llevar así no quisieras hacerlo, no podías evitar mandar al diablo a cualquiera, total, nadie te quería, para que molestarte en tratar de entender a los demás si nunca nadie se molestó por entenderte a ti.

Cuando empezamos a hablar, si es que a ello se llama hablar, no hacías sino reírte como una loca, y yo no hacía más que reír contigo, reírnos de tonterías, de groserías que inventaba al paso, de mi poca facilidad para escuchar, y de mi gran facilidad para tergiversarlo todo, generalmente a propósito, para escuchar la palabra más insólita, la más increíble, aquella que solo te hacía reír otra vez y a carcajadas, esa era la forma que encontré para penetrar tu coraza, era la única manera en que bajabas la guardia y eras solamente tu, nuevamente la niña que pretendías esconder tras tu coraza de enojada, de seria, de mujer callada, inamovible, fuerte, impenetrable.

Nadie te entendía, pero ¿cómo podía entenderte un niño de cuatro años que necesitaba el mismo cariño paterno que tu, y que a veces veía como era robado por ti, sin darte cuenta?. ¿Cómo pretendías que se de cuenta de tus necesidades si apenas podía darse cuenta de las suyas propias?. Y ¿cómo podía entenderte una mujer a la que le hacías la vida miserable, a la que usaste para desfogar tus penas y frustraciones, y que viceversa te uso para lo mismo?. Ella también te quiso, y ahora estoy seguro tu también la quisiste, pues indesmayable trataste como a una Madre, aunque fueses la hija malcriada y grosera que ningún padre quisiera tener; ó tal vez la trataste como a una madrastra, a la que debías hacer añicos, para que sepa quien manda, y esa solo podías ser tu. Otras veces, te dabas cuenta, y hacías hasta lo imposible para ser aceptada, para ser querida...

Recuerdo aquella mañana en que te dije que debíamos hacer la oración, y me confesaste no creer en Dios, pero pese a ello, lo hiciste, te santiguaste con nosotros y escuchaste callada y respetuosa como aquel niño de cuatro años te daba una de las lecciones más importantes de tu vida, cuando agradecía a Dios por los alimentos que teníamos en la mesa y que jamás faltaron, y cuando pedía por los pobres y tu refunfuñabas no sintiéndote pobre y además con la cabeza altiva y orgullosa.

Te vi discutir mil veces; unas veces con razón y otras con razones puramente aparentes, pero el efecto siempre era el mismo, tensión en la casa, gastritis y demás dolencias, frustración, cólera y rabia, no tuya sino de mi esposa; te vi encoger los hombros también mil veces, expresando que no te importaba aquello que te decían, aquello que querían enseñarte, sea para bien o para mal. Te defendí también mil veces y aún más, me convertí en tu escudero, no se bien porque; ... tal vez me emocionaba tu ser desvalido, sentía esa necesidad de protegerte, de quererte de darte aquello que necesitabas y que nadie te supo dar. Te di aquel abrazo que necesitaste, aquel beso en la cabeza, ese apretón suave en el brazo para reafirmarte que te quiero, para decirte que también eres un campeón, tanto como mi propio hijo; en serio te quise y te quiero, me dolía tu dolor, me ofendía si te ofendían, me indignaba si te maltrataban, y hasta te di la razón cuando fuiste grosera; eso solo provocó más problemas.

Sabes... me hiciste rogar que te perdonen, me hiciste rogar que te entiendan y Dios me dio el valor para hacerlo, sentí la necesidad de amarte como a una hija más, y creo que lo hice, aunque jamás logré hacerlo del todo, tal vez si te hubiese amado como a uno de mis hijos, te habría dado aquella bofetada cuando la merecías, o una buena tunda para corregir tus groserías. Tal vez eso hubiese evitado lo que estoy sufriendo hoy al no tenerte. Nadie entiende, ni yo mismo entiendo; si no eres parte de mi familia, si no tengo la obligación de darte nada; ¿qué quiso Dios cuando te puso en mi casa?, ¿qué quería de mi? ó más bien ó solo tal vez, ¿qué quería de ti?.

Recuerdo esos días en que salimos a pasear, la pasamos bien, yo la pase bien al verte reír, al verte feliz, y ver como hacías feliz a mi hijo al jugar con él, fui enormemente feliz al verte rodar por esa loma de pasto y al ver a mi hijo rodar detrás de ti; fui feliz al verlos dar vueltas en las motos, y tomarles fotos aunque quisieras tapar tu sonrisa; fui feliz al verte remar en el bote, aunque te pelearas el remo con mi esposa; veo las fotos y revivo esos días, los mejores del mundo; y cuando saliste corriendo y cruzaste el puente colgante para llegar primero que nadie a la cima del cerro, y subiste dos veces solo para acompañarme cuando subí con Joaquíncito, cuando te preocupabas por él como si realmente fuera tu hermano y hasta cuando te enojabas con él por lo jodido que era; recuerdo cada día después de la una de la tarde cuando llegabas con esa sonrisa en el rostro y lanzabas tus ocurrencias, feliz de la vida, por fin... feliz!!! e iluminándolo todo.
Hoy no te vi llegar y fue un martirio, espero que mañana sea un día mejor.

Como olvidar las noches interminables de tareas que yo hacía por ti, y aquellas en que trataba de no ayudarte para que aprendas tu misma; y te enojabas, pues sentías que te abandonaba, o la vez que me serviste un café solo para decirme que me querías sin decírmelo, como olvidar cada vez que freíste un huevo quemado o crudo, o aquella vez que a propósito echaste sal a la quinua con leche del desayuno solo para que no te obliguemos a tomarla; (al final no la tomó nadie). Como olvidar las noches que pasaste en vela acompañando a Samuel y cuidando la casa porque habíamos salido; cosas que nadie valoraba, solo yo.

DSC03088Hoy miro aquella foto en la que apareces tu parada a mi lado, junto a aquellos que quiero y mis ojos se humedecen, mi mente hoy, no piensa en otra cosa, solo puede pensar en ti, en que será de tu vida, en cómo habrás amanecido, en qué desayunaste hoy, en si habrás recibido la paliza que prometió tu tío darte si volvías a defraudarlo, según él. Me asomo a la puerta de mi trabajo y veo tu colegio, te busco, no te veo, te extraño, te espero y no llegas... Cada tarde llegabas, generalmente con una sonrisa en el rostro que iluminaba mi oficina y mi vida, ahora que lo pienso realmente me hiciste feliz, aunque no hiciste feliz a todos, debo reconocer que a mi si. Y yo espero haberte hecho feliz. Siempre he pensado que la felicidad no existe en su total magnitud, no existe una felicidad plena en la que todo el día eres feliz, la vida no es así, la felicidad son solo esos pedacitos de vida, esos que me regalaste y que yo trate de regalarte.

No se si fui un buen padre, nunca te lo pregunte, pero al menos me queda la satisfacción de haber pretendido ser tu amigo, tu mejor amigo. Creo que Dios me dio un encargo muy difícil, y no lo pude cumplir; cada persona tiene una misión en este mundo, siento que mi misión era ayudarte, darte aquello que necesitabas a pesar de las circunstancias, curar tus heridas, pero no conté que en ese proceso, iba a provocar heridas en aquellos que más quiero, quiero pedirle disculpas a Dios por haberlo defraudado, pedirte disculpas a ti por no haber sabido corregiste, por no haber calado lo suficientemente hondo como para lograr el cambio, pedirle disculpas a mi familia, por haber permitido que el proceso en el que solo Dios y Yo estábamos involucrados los haya dañado aunque sea un poco. Dios, deberías reconocer que al menos ella hoy cree en tí, espero haberle dado un poco de esperanza, aunque en sus ultimas palabras solo percibí resignación, temor y hasta algo de abandono. 

No se que pasará después, en estos días que vienen; solo se que tu ausencia se deja sentir a cada instante, que en estas ultimas horas estoy sumergido en una tristeza inagotable difícil de controlar y que se asoma como la muerte, me mira, me vigila y no me deja solo ni un solo instante, estoy buscando la manera de ayudarte, de darte más, espero encontrar la forma pronto. Solo se que tu paso por mi casa marco mi vida, mi espíritu, mi esencia, y que aunque el tiempo pase, y nuestras vidas también, jamás podré olvidarte.


EL LEGADO

miércoles, 6 de mayo de 2009
Nunca se me hubiese ocurrido, o tal vez si. Conociéndome como me conozco, y con lo sentimental que a veces soy. Tal vez si se me hubiese ocurrido el detalle del que hablare hoy, aunque tal vez hubiese pasado mucho mas tiempo para que eso suceda, en cambio ahora se a convertido en una necesidad de encontrar "el legado" especifico, necesario, especial que me permita dejar una huella a las generaciones futuras, o más bien a mis generaciones futuras.

Les cuento que el otro día, fui al cumpleaños de un señor muy importante para mi, obviamente no quiero decir su nombre, asi que lo dejare en "señor"; el debe bordear los sesenta ó sesenticinco años de edad, acostumbrado a las grandes fiestas, ordenó preparar un cerdito completo, con papas al horno, camotes y choclo en abundancia, compró mucha cerveza y vino para brindar, lamentablemente fueron pocos los invitados, un par de amigos y amigas, algunos familiares entre ellos sus hijos (hombres y mujeres), unas sobrinas simpáticas y sus nietos; la casa estaba ausente de las típicas fiestas de rompe y raja a las que nos tenía acostumbrado en cada cumpleaños, tal vez esa sea la razón de que el sentimentalismo se haya posado sobre él.

Esta vez, era una reunión sencilla, lejos de escuchar a todo volumen algún éxito de los hermanos Yaipen o el Grupo Cinco, o de algún ensordecedor Huaynito o Saya, se escuchaba música de fondo para decorar nuestra conversación, nuestras bromas y elogios para el cumpleaños, la gama de recuerdos a flor de piel. La reunión fue de un tema a otro durante largo rato, hablamos de su trabajo, de sus practicantes, de la vida de la joven que vivía con él desde niña y que el crió como su padrino, y que ahora cuida de él, de los éxitos de su vida profesional, y de la familia, esa que siempre fue y será importante en su vida, de una manera particular, hasta llegar a una Vieja Cruz en la que se refleja la Crucifixión de Cristo, que contaba él, le había dado su Padre al haber sido su primogénito, y que a su vez fue recibido también de su Padre y así sucesivamente, éste legado había pasado de generación en generación hasta llegar a él, y antes de morir él lo entregará también a su prole.
Obviamente su primogénito estaba sentado frente a su Padre, oyéndolo hablar de aquel legado, de lo valioso que era tanto espiritual como materialmente, pues es una pieza digna de un museo, del sentimiento que puso su padre al entregárselo a él que era el primogénito. Que difícil decisión será elegir cual de tus dos hijos varones deberá continuar el legado, a quién se lo debe entregar y en que momento hacerlo, el menor, sentado en la escalera veía con resignación las palabras de su Padre y el mayor hacía brillar sus ojos, sintiéndose ganador, las hermanas aconsejando a su Padre sin decir nombres pero inclinando la balanza hacia el mayor, el primogénito; diciéndole que eso ya tiene dueño y no hay nada que decidir o que pensar; el ambiente se pone tenso, interrumpo con un sonoro "¡Salud!" y a otra cosa mariposa, mientras los pocos invitados van teniendo uno a uno en sus manos aquel legado, aquel objeto del deseo, tan horrendo y tan hermoso a la vez.

El tiempo transcurrió y la Cruz dejó de movilizarse entre las manos hasta llegar al primogénito quien la observó casi como suya aquella estatuilla, encontró los defectos y rajaduras que el paso de los años había dejado al pasar por aquel objeto, y murmuró - se puede restaurar - seguro de su propiedad futura, y se lo entregó a la ahijada para que lo regrese a su sitio, el estudio de su Padre.

La fiesta no se animó pese a que aún corría por un lado el vino, y por el otro la cerveza, no se bailó en aquella fiesta, de pronto se baja el volumen y una de sus nietas se para en el centro de la sala, le dedica una canción, da unas indicaciones a su Madre sentada al pie del equipo de sonido, una melodía empieza sonar y junto a ella la melodiosa voz de una aprendiz de cantante con mucho futuro; le regala las notas de su alma entregadas en esa canción. Esa canción acaricia al abuelo en su onomástico, lo arrulla, le anima, le hace sentir que toda su vida no ha transcurrido en vano, que valió la pena, que si se va de ésta vida, dejara hijos, nietos y bisnietos que lo recordarán con ternura y con amor, cierra los ojos como los cerré yo para oírla sin interrupción, la canción acaba y se oye un estruendoso aplauso, y el grito de un niño de 4 años gritando - otra, otra, otra!!! - La felicidad de éste abuelo, se notaba en su emoción, y también se anima a pedir otra canción, la nieta accede, había preparado otra pista, así que decide entregarle otra canción más, luego de concluir, ella lo abraza y le dice feliz cumpleaños al oído y un solemne "Te quiero mucho", unos segundos de silencio y luego nuevamente la música del equipo con una canción conocida sonando bajito, no para bailar, no en esa reunión llena de sentimientos. Esta vez y como siempre el juvenil abuelo, hace uso de la palabra para contarnos una historia más de las que ya nos tiene acostumbrados.

- Recuerdo que yo estudiaba en Cusco - contaba - mi padre nunca quiso que vaya para allá, él quería que estudiase otra cosa y no la carrera de derecho que ahora tengo; pero más que eso, no quería que me quede solo con las malas juntas, como el llamaba a los amigos de ese entonces, en los que la juventud, solo me hacía pensar en revolución, en hacer algo para evitar la explotación del hombre por el hombre. En esos momentos yo era un dirigente juvenil, mi padre pensó que jamás terminaría mi carrera y que truncaría mi vida con aquellos ideales que me podrían traer más problemas que beneficios.

Cuando partí de Lima hacia el Cusco, el (su padre) me volteo la espalda y me dijo que si me iba me quedaba solo, y así fue, no volví a hablar con mi Padre en mucho tiempo, casi toda mi carrera, y mi orgullo hacía que fuera peor; al extremo de devolver o regalar aquello que mi Madre mandaba en encomiendas para mi, a escondidas de mi Padre. Quise formarme solo, devolví el dinero, la ropa y la comida, eso nos alejo mucho - recordaba aquel señor y continuó -

Casi al termino de mi carrera tuve la oportunidad de hablar con mi Padre, el y yo habíamos cambiado mucho, el se sentía orgulloso por todo lo que había logrado aún si ser abogado, ésta vez se acercó a mi y sacó un lapicero de plata que guardaba en uno de sus bolsillos, cogió mi mano y me lo dio diciéndome estas palabras - "Quiero entregarte éste lapicero antes que seas abogado, pues estoy seguro que llegarás a serlo, y quiero que me prometas que con éste lapicero firmarás tu primer escrito como abogado" - pasó el tiempo, y yo guardé el lapicero, lo tenia en la casa en una cajita especial, jamás lo usaba hasta que llegó el día en que me había graduado de abogado y estaba por firmar el primer escrito, es más, lo firmé, creo que con un lapicero "Bic", y ya iba a llevar el escrito al Juzgado y me acordé; rompí el escrito delante de mi cliente y salí corriendo con dirección a mi casa, saque el lapicero de plata que me había dado mi Padre y regresé al consultorio donde esperaba mi cliente sorprendido; luego firmé el escrito con aquel lapicero - decía mientras mostraba aquel viejo lapicero de plata con jeroglíficos del Pueblo de Israel - éste lapicero tiene una gran historia y significa mucho para mi - dijo mirando a su primogénito - y ahora es tuyo hijo mio.

Todos nos quedamos atónitos, sorprendidos por lo que habíamos visto; que linda historia y que lindo detalle, regalarle aquel lapicero a su hijo, todos estaban algo turulatos aún. Mi amigo e hijo de éste señor, estaba muy emocionado, se paró a recibir aquel legado y a darle un abrazo a su padre en señal de agradecimiento, fue tan rápido que los flashes de las cámaras aun no se habían encendido para inmortalizar éste momento, alguien sugirió que lo volviera a abrazar para filmarlo, así fue, aunque la segunda vez no fue tan emotiva. Todo era felicidad, su hijo primogénito, también lo estaba; compartió el objeto con los invitados, que lo fueron viendo al igual que yo mismo, y entonces mientras eso pasaba, mi cabeza empezó a pensar... Ésta es la manera que tiene de decirle que ya eligió a quien le tocará la Cruz y definitiva,mente no va a ser el primogénito, estoy seguro que el menor ni cuenta se dio de ese detalle, pero yo si, no se si el hijo mayor de éste señor si se habrá percatado de lo mismo que yo, pero yo me sentía apenado.

Finalmente es un detalle, que creo debo implementar en mi familia, con mis hijos, no puedo borrar de mi mente la cara de alegría y satisfacción de aquel hijo por su padre, y no puedo dejar pasar la oportunidad que me está dando la vida para darle a mis hijos algo que recordarán toda la vida. Tal vez un objeto material no sea tan importante, pero el significado y la connotación que uno le da a ciertas cosas, le dan un valor incalculable a las mismas. Estoy seguro que algo debo encontrar como legado, solo espero ser lo suficientemente original para darle el toque personal que deseo.




COMO NEGAR LA EXISTENCIA DE DIOS

jueves, 16 de abril de 2009





Cuando era niño, recuerdo que era muy creyente, muy religioso, apegado a las normas de la Iglesia Católica y los Diez Mandamientos, pedía ir a Misa los domingos, y aunque mis padres nunca fueron aquellos que se rasgan las vestiduras cada domingo, recuerdo haber ido mucho a Misa de Muertos o por el descanso eterno de aquellos. La verdad, nunca me aguante mucho la Misa, al final, era un niño, y como tal no podía estar mucho tiempo quieto, sin embargo, pese a ello, siempre escuchaba los mensajes del sacerdote con atención, me gustaba aun más si hacía sorna de ello, si les llamaba la atención a mis padres por como nos trataban en casa, con bromas que solo él y mis padres entendían, y por supuesto yó, que miraba con mirada cómplice al sacerdote y luego a mi mamá, como diciendo, - ves, el también sabe lo que pasa en casa -.


Yo era; creo; un niño normal, jugaba en la chacra con mis primos casi todos los días, imaginándonos, Tarzan en plena selva, o jugábamos a la pelota con ellos y mi hermano, alucinando que eramos como algún jugador de fútbol de esa época gloriosa en que Perú estaba en un Mundial; para ser franco, no se bien si llegó al mundial o era solo una eliminatoria, pero veíamos reunidos en la sala de mi casa los partidos de la selección peruana contra otras selecciones, y para mi, a esa edad era que mi equipo estaba en el Mundial, pero ese no es el tema.


En el colegio, era más bien introvertido, era un alumno regular, no era el primero de la clase ni pretendía serlo, pero tampoco era el último, era más amigo de mi compañero de carpeta que del resto del grupo, cada año cambiaban de compañero de carpeta y cada año justo ese, era mi mejor amigo, creo que por alguna razón los ponía Dios en esa carpeta, hubo un año en que me dio por escribir poemas y canciones, por alguna razón todas tenían como mensaje mi amor a Dios, felizmente a mi compañero de carpeta también le gustaba escribir y cantar, así que pasábamos los recreos enteros escribiendo en aquel cuaderno perdido y cantando a voz en cuello como dos predicadores absortos en su religión sin pensar en nada más.

Por alguna razón, y como en toda familia, nunca faltaron los problemas en el hogar, discusiones entre mis padres, peleas con mi hermano y a veces con mis primos, líos de faldas, malas costumbres, machismo e incomprensión, el trabajo de mi Padre que lo absorbía por completo, el llanto de mi Madre por los problemas, en fin; eramos una familia normal. Pero aquellos problemas marcaban mi vida; mi alma frágil sufría por cada embate de problemas; mi espíritu sufría con el llanto de mi madre, así que cada noche le pedía a Dios en mis oraciones que alivie esas penas, que resuelva esos problemas... Mis padres hablaban de Divorcio, mi hermano nunca los tomó en serio, yo sí. Y entonces le rogué a Dios que nos salve, que nos cubra con su manto de paz, pero esa paz nunca llegaba... Pasó el tiempo, y aprendí a vivir con esos problemas, aprendí a alejarme de aquellos, pero nunca pare de sufrir, así crecí y cuando tenía once o doce años, no lo recuerdo bien, pasó un episodio que marcó mi vida..., 


Se acercaba la Navidad, nunca hay mejor fecha que esa, pues aquel día se recibían regalos, y por supuesto se daban regalos, se repartían tarjetas casa por casa, era todo un ritual de navidad, se armaba el nacimiento y el árbol de navidad se llenaba de luces; yo había juntado dinero para comprar una cajita musical para mi Mamá, que era el ser más importante de mi vida, esta vez le compraría una roja, con espejo, forrada en terciopelo y con una imitación de gema roja en la tapa; ya la había visto; la había escogido meses antes, cuando iba al mercadillo, siempre la veía; muchas veces sin que mi madre se diera cuenta había preguntado insistentemente el precio y ya casi me alcanzaba. Un día antes de Navidad, conté sobre mi cama todas las monedas que había juntado, fui a la tienda y las cambie por un par de billetes, ya todo estaba listo, aquel día le compraría a mi madre la cajita Musical mas bella del mundo, me aliste rápido, pedí permiso para salir y salí rumbo al Mercadillo "28 de Julio", fui de frente al puesto en que vendían la dichosa cajita, pregunté pero dude antes de comprar, podía existir una más bella, así que decidí caminar, recorrer cada pasillo y cada puesto y buscar la mas hermosa, eso me tomó casi toda una mañana, pero la encontré, la Cajita más hermosa del mundo estaba frente a mis ojos, le pedí al vendedor me la muestre; que la pruebe, escuche la dulce melodía que emanaba de su caja de resonancia, me refleje en el espejo interior y fui absolutamente feliz, pensando en el rostro de mi madre al recibirla el 25 de diciembre en la madrugada, justo después de cenar el pavo navideño; - envuélvala señor, la llevo, - fueron mis palabras mientras metía mis manos en los bolsillos para sacar los billetes, pero fue en vano, no los encontraba, me desesperé, empecé a sudar frío, el vendedor ya había terminado de embolsar el regalito y me miraba con cara de que perdía el tiempo, como diciendo, - apúrate que tengo muchas cosas más que hacer -. Puse todos mis bolsillos en el mostrador de vidrio, mis papeles gastados, mi boleto del micro de la linea siete, mis bolitas de vidrio, la billetera de tela que me encontré en Lima a la que le busque en cada recoveco sin encontrar los benditos billetes que ya en mi mente se habían convertido en "malditos". Mire con los ojos llorosos al vendedor, y disimulando y escondiendo aquel llanto, le dije - espere, debe ser que he olvidado el dinero; discúlpeme, regreso en un momento, no lo vaya a vender -, y salí corriendo, las lagrimas ya empezaban a correr por mis mejillas, corrí y corrí por esos pasillos tropezándome con la gente, empujándolos de rabia, como si en cada choque desfogara en algo el calor y la rabia que tenía dentro. Busque un lugar, no recuerdo bien donde; fue en un parque o algo así, miré al cielo y grite fuerte ¡¡¡¿por qué?!!!, ¿por qué me haces esto a mi?, ¿qué te he hecho?, si te he dedicado toda mi vida a ti, te he hecho canciones, he orado todas las noches, voy a misa, ¿por qué me haces esto a mi?, ¿por qué me haces sufrir así?, - Empecé a recordar todos los incidentes pasados en mi casa, mis notas regulares, el alejamiento de mi Padre por su trabajo, el probable divorcio de mis padres, el llanto de mi madre, mi vida entera pasó ante mis ojos en esos segundos, minutos u horas, no lo se, solo recuerdo que ese video era solo de los peores momentos de mi existencia, y casi casi, eran todos los momentos de mi vida, de mi corta vida; estaba enojado, irritado, decepcionado con Dios; Dios me había fallado o simplemente había estado perdiendo el tiempo y la verdad era que Dios no existe, y nunca existió.


Baje la mirada y mire al mundo alrededor mío; algo había cambiado; mi cabeza estaba llena de duda y rabia, tomé nuevamente la linea siete, iba parado y tomado del tubo para no caer, mis lagrimas no dejaban de mojar mi rostro; en mi cabeza recordaba aquel sueño de ver a mi madre sonreír en Navidad al recibir el regalo que yo le daba, y luego veía como se desvanecía ese recuerdo jamás vivido como una burbuja de jabón.


Llegue a la esquina de mi casa, bajé del ómnibus azul y rojo, y casi me caigo por distraído, me recuperé y empece a avanzar lento, sin ganas, o más bien con ganas de vengarme, vengarme de Dios. 

Entré y fui directo al nacimiento, mientras me acercaba veía las luces, la estrella de Belén pegada en la pared, yo mismo había armado ese nacimiento, y cuando estuve lo suficientemente cerca lo vi;... la estatuilla del niño Jesús debajo de un mantelito bordado. Saque el mantelito y lo vi, mis ojos se volvieron a llenar de lagrimas y cólera, lo tome en mis manos, y le hablé como si lo conociera, lo odie, le dije lo mal que me sentía y que me había defraudado, - tu no existes más para mi, desde hoy no creo más en Dios -, y mientras gritaba eso, lo tire contra la pared con toda la fuerza que podría tener un niño de esa edad, y lo vi partirse en mil pedazos. El Impacto provocó sonoro estruendo en toda la casa, así que vinieron pronto hasta donde yo estaba, Mi mamá, mi hermano y la empleada, todos absortos con la escena. Verme a mi, parado frente a aquella pared, y en el suelo, los restos del que debía nacer en algunas horas más; ese fue casi un aborto espiritual, me había convertido en un HERODES; mi hermano me llamó así, y se rió de mi, lo que me dio aún más cólera; mi madre le llamó la atención y me llamó a un lado para conversar conmigo, pero en su rostro estaba una mirada socarrona, como quien ve a un niñito malcriando haciendo berrinche, y en ese estado me trato de explicar que cualquier cosa que haya pasado no era culpa de Dios, aunque noté en su voz que tampoco estaba muy segura de lo que decía, al poco tiempo de aquel día, escuche a mi madre decir que Dios no existe, ¿mi vida cambió?; no; mi vida seguía siendo la misma, solo que ya no escribía canciones para Dios, y los poemas fantaseaban con una de las pocas niñas que había en el colegio, se llenaron de lujuria y apasionamiento, pronto llegó el día de mi primera enamorada, que ocupará seguramente otro relato en este blog. 

Así pasaron los años, terminé el colegio e ingresé a la Universidad, y cada vez que alguien hablaba de Dios, lo refutaba inmediatamente, me había vuelto un experto en otorgar razones para explicar la inexistencia de Dios, respetaba a Juan Pablo II, pero no porque fuera el Papa, sino porque lo consideraba un buen hombre, pero nunca lo creí Santo, hay gente buena en éste mundo, y también hay gente mala, no necesariamente porque tengan que ver con Dios, jamás iba a Misa, pese a que había hecho mi Primera Comunión, no había hecho, ni me interesaba hacer mi Confirmación, aunque muchos niños de mi colegio si lo habían hecho, no visité nunca más a mi Padrino de Bautizo y de mi madrina, había olvidado hasta el nombre, me hacia llamar "Ateo", cada vez que podía, afirmaba siempre que Dios no existe, y realmente tenía todas las razones para predicar su inexistencia. 

En la Universidad, parte de la currícula en Estudios Generales era el Curso de TEOLOGÍA, con el Padrecito Efraín Zanga; - jamás lo olvido -. El primer día de clases, se presentó y pidió que se parasen los católicos, y luego de sentarse estos, pidió que se pusieran de pie los que profesaban otro culto o religión, y se pararon algunos, mientras que mi compañero y yo seguíamos sentados, habló con cada uno de los que profesaban otra religión distinta de la católica y le indicó que iba a respetar su culto, y cuando terminó de hablar con cada uno de ellos volvió la mirada ante nosotros, que extrañamente nos habíamos sentado juntos, debo indicar que además de mi, había otro sentado también muy cerca, que no se había parado ninguna vez, su mirada achinada y rojiza, su nariz aguileña, su cabello lacio y corto sometido con gel en los costados, jeans y casaca de cuero negra, imponente, absolutamente seguro de si mismo, tenía la pinta de un drogadicto en motocicleta y nosotros dos, - pónganse de pie -, nos dijo sorprendido y agregó; - Ustedes no se han puesto de pie ni una sola vez, ¿pueden decirme por qué? - Nos mirábamos y sonreímos, con una sonrisa cómplice, y el otro chico de casaca negra se apresuró a decir, muy seguro de mi mismo y riéndose casi a carcajadas -"es que somos Ateos pues, no creemos en nada"- Los tres sonreímos; y afirmamos lo mismo, todo el salón se reía. La cara del Padre Zanga, se lleno de una extraña felicidad e inmediatamente, como si las palabras se salieran de su boca dijo, - les tengo un trabajito especial para ustedes; Ustedes se van a encargar de lo siguiente: van a hacer un trabajo monográfico y van a preparar la exposición acerca de "Las pruebas de la existencia de Dios", deberán leer a Santo Tomas de Aquino;- ¿No deberíamos recibir el mismo trato de aquellos que profesaban otra religión?, al fin y al cabo no profesamos la religión católica, ¿por qué nosotros si debíamos hacer un trabajo monográfico, y sobre todo respecto de lo contrario a lo que creíamos, nos pareció injusto, y para colmo de males teníamos que hacer grupo con el Motociclista éste, que la verdad hasta miedo daba, pues parecía bastante agresivo; al poco tiempo nos pudimos dar cuenta que era igual a nosotros, ni más ni menos. Pero ya estaba hecho, teníamos que hacer el trabajo si queríamos aprobar el curso de Teología, casi al final del ciclo, y sin ninguna exoneración en los exámenes ni en las clases como otros, llegó la hora de exponer nuestro trabajo, habíamos trabajado duro, leímos muy interesados las teorías de Santo Tomas, y en realidad el trabajo se limitaba a exponer tales teorías, nos dividimos el trabajo y dejaron que yo haga las conclusiones, y que finalmente nos parasemos los tres frente al auditorio para ser sometidos a las interrogantes del público compuesto por todos nuestros compañeros universitarios y por las incisivas preguntas del Padre Zanga; la exposición fue un éxito; la mirada de aprobación del Padre al mover afirmativamente la cabeza en cada intervención, así lo indicaba. Había llegado el momento de las conclusiones, en mis manos tenía las tarjetas que me ayudaban a recordar y con su ayuda recordé brevemente la exposición que acababa de terminar sobre Santo Tomas y las pruebas de la existencia de Dios, y concluí en que Dios no existe, que cada cosa que se decía en esas teorías había terminado por retroceder nuestra imaginación respecto de las cosas de éste mundo hasta llegar al punto en que se debe "suponer"; pues no existe nada conocido que pudiera crear lo siguiente, esa ignorancia, nos hace suponer que ese ser es el creador, esa fuente inagotable de energía capaz de crear todo el mundo y todo lo que está sobre él, pero solo es eso, ignorancia, es un no saber que mas hay detrás en la historia, ésta es solo una teoría, y debemos tener en cuenta la teoría evolutiva, o la teoría de la existencia de extraterrestres, la que por supuesto afirmo hasta hoy, y por lo tanto, Dios no existe, ha sido creado en la mente de las personas para tratar de explicar aquello que aun no entienden, y como es tan grande le llaman Dios. Nuestra exposición fue tan buena que creo que muchos de los que estaban sentados empezaron a creer en nuestra teoría y a dudar de la existencia de Dios, con la desaprobación pública del Padre Zanga, aprobamos el curso de Teología y seguí mi carrera, absolutamente seguro de que Dios no existe.


Conocí a una chica en la Universidad, era linda, pequeña, su cabello ondulado, su tez blanca y sonrosada, su sonrisa limpia, su nariz achatada y risueña, su mirada profunda y una personalidad especial, era un imán para las personas, estoy seguro que no era el único que la veía así, amiguera como ella sola, toda la Universidad era amiga suya, las chicas más bellas de estudios generales la acompañaban, era la líder, era ella quien aconsejaba a las amigas cuando tenían un problema, era ella quien resolvía los problemas espirituales de todo el mundo, tenía la capacidad de escuchar y de dejarse escuchar, hubiese sido fácil enamorarse de ella, pero ese no era el punto, ella era la mejor amiga que cualquier persona hubiese deseado tener; poco a poco fui entendiendo el por qué de su personalidad atrayente; su vida había sido sometida o bombardeada con varios tipos de enseñanzas, la doctrina cristiana, la Gnosis Cristiana, Mahikari, Metafísica, Física Cuántica, Chamanismo, Imposición de Manos, etc. Eso tal vez la había hecho la persona que era, eso la había hecho ser tan especial, ella fue mi sostén en los peores momentos de mi vida, se convirtió en mi mejor amiga y yo me convertí en uno de sus más fieles confidentes, ambos nos buscábamos para contarnos los más difíciles sentimientos y situaciones, con ella y su mamá empece a estudiar "Gnosis Cristiana". Empece a conocer mis poderes ocultos, quería empezar a manejar mi mente, estudié mi cuerpo desde ese punto de vista, y me empezaron a hablar nuevamente de Dios, por supuesto lo negué mas de tres veces, más que Pedro antes de que cante el Gallo, me convertí en mejor persona creo, aunque sin creer en Dios, una frase que me enseñaron los profesores Gnosticos fue: "NO DUDES; LAS DUDAS TE HACEN PERDER ENERGÍA, SI NO CREES EN DIOS, PUES NO CREAS EN DIOS; PERO NO DUDES", pero ellos si creían en Dios.

Cuando habían pasado algunos años y yo tenía como veinte de edad, tenía una enamorada, su nombre lo obviare pues no tiene sentido exponerla, su descripción es fácil, rubia, de un metro sesenta de estatura o tal vez menos, caderas muy torneadas y bonita figura, de tez blanca y cejas pobladas, de risa potente y de carácter fuerte e imponente, nos juntaban nuestros problemas en común, la supuesta indiferencia de nuestros padres por su trabajo, la soledad, el gusto por los perros y todo tipo de animales, en fin. Ella a la que llamaré Maria Rosa, se había convertido en el amor de mi vida, no podía pensar en perderla, los años que llevábamos juntos así lo comprobaba, aunque el destino nos tenía preparados caminos distintos aunque nosotros no lo sabíamos. Por su carácter discutíamos más de mil veces, pero ambos manteníamos vivo el único salvavidas que teníamos, que era el uno del otro, a pesar de los problemas, pero no podíamos negar que nos hacíamos mucho daño, y que ya ni ella ni yo estábamos conformes con la relación, ya no eramos felices, una de esas veces en que tuvimos una discusión muy fuerte y terminamos por enésima vez, ésta vez como muchas veces, si era la definitiva. Salí corriendo de su casa; al salir golpeé el poste de alumbrado público y lesione mis nudillos, seguí caminando sin rumbo, mientras lloraba en silencio, no quería que nadie me vea llorar, pero no podía evitar que las lagrimas salieran por mis ojos cual veta abierta, incontrolable; sentía que cada persona que pasaba me miraba y me daba aun más rabia, bajaba por La Alameda y las palmeritas pequeñas de los lados golpeaban sus ramas sobre mi. Pronto divise la Parroquia "Espíritu Santo" y de inmediato pensé que era un buen lugar para llorar a moco tendido mi desgracia, ahí nadie me vería como bicho raro.

Llegue a la entrada, la mire rápidamente; no había nadie y entré, camine por las primeras bancas empezado desde atrás, hacía tiempo que no entraba a una parroquia, me llamó la atención una señorita de cabellos negros muy guapa que estaba sentada como en la cuarta o quinta fila desde atrás, seguí avanzando, y no vi a nadie más, me senté en la segunda banca a mano derecha, cerca al atril o púlpito, no había Misa, sentado baje la cabeza y seguí llorando lamentándome por la vida que llevaba...; De pronto; (sucedió algo que cambio literalmente mi vida, es casi como el día en que Jesús Murió en la Cruz. Muchos no lo saben pero el calendario se cuenta hoy como el año 2009 por aquel día... antes de ello, existe otra cuenta denominada "antes de Cristo", y después de ese día se conoce como "después de Cristo", algo así pasó en mi vida aquel día);...

Una voz melodiosa, como la de un locutor de radió me habló claramente, y me pregunto: - ¿que te pasa?; ¿por qué lloras?; ¿crees que tienes problemas?;- si -, conteste rápidamente, - mi vida es una cagada - Y la voz entonces dijo; - Levanta la Cara y mira a tu derecha, veraz a una señora vestida con una falda azul y blusa verde; está llorando, tiene cáncer y esta rogando a Dios que la salve, y ¿tu crees que tienes problemas?; - me quedé sorprendido, pues dicha señora estaba ahí, y estaba llorando aunque jamás hable con ella, me imagine como debía sentirse si tenía cáncer, no me gustaría estar en su lugar; la voz continuó diciendo, - ahora vuelve tu cara a la Izquierda, vas a ver un señor, parado frente a la estatua de la Virgen, se encuentra rezando, pues acaban de despedirlo del trabajo, su hijo está enfermo y no tiene como pagar las cuentas del hospital, sin afectar al resto de su familia, se siente desesperado, y ¿tu crees que tienes problemas? - Al voltear la cara vi al sujeto, sus vestiduras gastadas, igualmente no converse con él, así que esa voz pudo haberme estado manipulando pensé, pero en todo caso; ¿quién me está hablando? y ¿por qué solo yo la escucho?, y ¿por qué le respondo?, me estaré volviendo loco, que ahora ando escuchando voces; busque una explicación lógica; seguro estoy imaginando esto, pensé. Debe ser que estoy tratando de sentirme mejor,... en esas andaba, cuando la voz arremetió nuevamente para decir ésta vez; - ¿recuerdas la chica de cabellos negros que viste cuando entraste a la Iglesia, ¿recuerdas que te gustó?; está llorando afirmó; ella es madre de un niño de 3 años, vive en Tacna con su esposo, y no le dejan ver a su hijo hace mas de cinco meses, su suegra se lo impide, y ¿Tu crees que tienes problemas?, Miré hacia atrás inmediatamente, pues recordé que ella no estaba llorando, pensé ahora si te agarro vocesíta, te equivocaste ésta vez; pero ella estaba ahí, y lloraba; me puse a pensar que haría yo si tuviera un hijo de 3 años y no me lo dejaran ver, me sentiría mal, de pronto empecé a sentirme aliviado, me había dado cuenta que mis problemas no eran nada al costado de semejantes problemas que tenían otras personas, y entonces me atreví a ser yo quien hablara con esa voz, y le pregunté, - Y entonces ¿qué quieres que haga?, ¿qué debo hacer? - a lo que la voz con esa voz fuerte contesto de inmediato, como si hubiese estado esperando esa pregunta: - debes acercarte a mi, te has alejado mucho en estos años, - Y... ¿cómo hago eso, pregunte de nuevo?; Y esa voz, contestó bondadosa; - Ve afuera a la puerta de la Iglesia y encontrarás una carreta con un vendedor de cadenitas, crucifijos y otras cosas; compra una cruz, la más fea que encuentres, solo vas a encontrar una. - Ya canchero y como si esa voz fuese un amigo mas, le respondí, - no hay tal carreta afuera, cuando entré no había nadie afuera, - y ésta contestó; - Vé, confía en mi, allí estará - entonces me paré, había dejado de llorar por la sorpresa de todo lo que me estaba pasando, aún así no lo veía como la voz de Dios sino como mi subconsciente que me hablaba, que me decía que no debía sentirme tan mal, es decir, pensé que era yo mismo quien me estaba auto ayudando, mientras caminaba hacia la calle, pase a lado de esa chica de cabellos negros, y la vi más linda, más tierna, más vulnerable, pues estaba llorando ahí, sola, sentada, como hacia solo unos instantes había estado yo, y me pregunte como si no lo supiera, - ¿que le estará pasando? -, aún no creía lo que aquella voz me había dicho sobre ella, seguí caminando y me alejé hasta llegar a la puerta. Al poner un pie fuera de la Iglesia, vi el primer milagro, la carreta y el vendedor estaban ahí, trate de hacer memoria, pues cuando entré hace unos instantes no había nadie, pudo ser una coincidencia, pensé. Me acerqué a la carreta y empece a mirar los collares que colgaban y los que estaban en la mesa, todos eran lindos, algunos eran dorados y brillaban como si fueran hechos de oro puro, otros eran de plata, había crucifijos con la imagen de Jesús crucificado, y la representación del Espíritu Santo como una palomita en un triangulo; pero también había una Cruz horrible, era como de plomo, mal tallada sin la imagen de Jesús, solo era la Cruz, realmente era fea y mal hecha, y como una segunda coincidencia, solo había una así de fea en toda la carreta, no me atreví a preguntar por ella aún, así que pregunte por un crucifijo dorado con la imagen de Jesús, brillante y lindisimo, y me contesto que el valor era de dos nuevos soles, justo lo que tenía en el bolsillo; entonces pregunté por la Cruz fea y horripilante y me contesto que el precio también era de dos nuevos soles, y agregó - cualquiera está a dos nuevos soles - como si ya no quisiera que le pregunte más, pero yo le pregunte más, - pero ¿por qué están igual, si esta Cruz es fea, debe estar menos, no puede costar igual que esta otra señalando a la Cruz dorada - a lo que el vendedor contesto; - No señor, todas cuestan igual, y si no te gusta la Cruz, puedes comprar la doradita, o sino esta otra; - insistió más amable. La voz apareció de nuevo preguntando; - ¿quien crees que la necesita más; tu o ella? - refiriéndose a la chica de cabellos negros; - no lo se, supongo que ella, - le dije murmurando para que el vendedor no me vea hablar con mi amigo imaginario, a lo que él contestó; - entonces comprale algo a ella, y dile que se lo das en mi nombre, - Inmediatamente respondí nuevamente murmurando, - ¡¡¡¿quééééé?, va a pensar que estoy loco, - Y la voz dijo inmediatamente, - no va a pensar que estas loco,... dile que vas en mi nombre y ella te escuchará - no sabía que pensar, creo que esa voz me agarró frío, no me dejo reaccionar, cuando me di cuenta ya estaba comprando la palomita que representaba el espíritu santo, ya lo tenía en la mano, ahora solo me quedaba armarme de valor y decirle a aquella chica; (que me gustaba); que Dios me había dicho que le regalara esa cadenita en su nombre y esperar que no me mande a donde mandarías a un metiche que no conoces cuando te interrumpe el llanto por sabe Dios que problemas.

Me acerqué sigiloso, con mucho cuidado iba pensando en qué decirle para que no lo tomara a mal, ¿cómo empezar?, así que muy nervioso y casi temblando le toque el hombro e inmediatamente volteó sorprendida y algo asustada; ya había llamado su atención, y entonces le dije; - no quiero que pienses que estoy loco, pero el de arriba te manda esto, - y se lo dí. - No quiero molestarte, - le dije, - así que cumplo con entregártelo y me voy - a lo que ella respondió deteniéndome, - no te vayas, espera... siéntate a mi lado - Yo pensé; ...¡¡¡que hermosa mujer!!!, y encima me invita a sentarme con ella, estando así de cerca la vi mejor y realmente era hermosa, sus ojos grandes, claros y profundos iluminaban su rostro alicaído por la tristeza y el llanto, sus cabellos negros que daban el marco a esa cara de ángel y una figura muy bien formada que no haría pensar a nadie de la existencia del supuesto hijo de 3 años que me había indicado esa voz. Me senté a su lado sin dejar de mirarla, y ella me preguntó; - cuéntame, como es eso de que Dios me mando ésto, realmente estoy sorprendida, es la segunda vez que algo así me pasa, - eso me sorprendió aún más a mi, ella prosiguió contándome, - la Otra vez fue en Lima, estaba sentada en un parque llorando, de pronto se acerco un joven muy educado y me entregó una tarjeta, y me dijo exactamente lo mismo que me acabas de decir, que me lo había mandado Dios, ese día quede muy sorprendida, y ahora me acaba de pasar de nuevo, ¿y cómo así? ¿qué te dijo? cuéntame, - Me pidió. Había dejado de llorar, estaba tan sorprendida como yo; le contesté contándole todo; como me contó lo de la mujer con cáncer y del hombre que acababa de perder su trabajo y tenia su hijo enfermo, el encuentro con el vendedor de cadenitas, la locura de regalarle algo a ella, y finalmente le conté que respecto de ella me había dicho que tenia un hijo de 3 años al que hace 5 meses no podía ver, ella me miraba absorta, casi ahogándose en sus suspiros, y me dijo - es verdad, tengo un hijo que ahora tiene 3 años, lo tiene mi suegra en Lima, y no quiere dejarme que lo vea, no quiere que viaje a Lima, y mi esposo cree que está bien, que todo es por el bien del niño, en fin, Dios no te mintió,- afirmó y continuó contándome más acerca de dicho problema, ahondamos en el asunto, yo la escuche atentamente, no se por cuanto tiempo, cuando despertamos de nuestro plural asombro, estábamos en medio de la misa, y las personas de los costados nos mandaban callar pues no dejábamos escuchar la misa, eramos unos insolentes irrespetuosos de la casa del señor, nos decían, así que decidimos pararnos y continuar nuestra conversación, salimos sin escuchar las voces y seguimos conversando de mil cosas como grandes amigos, como dos ángeles que conversan en el cielo, sin importar las horas ó el tiempo, sin importar las distancias, y mientras hablábamos caminábamos, por toda la calle San Martín hasta llegar a Patricio Meléndez y por la calle Junin hasta la Avenida Bolognesi, y por la avenida subiendo hasta casi llegar a la Universidad Nacional Jorge Basadre Grohoman, justo en una esquina antes de llegar, quedaba su casa. Nos despedimos, nos dimos un beso en la mejilla, y aquel beso fue como aquel dado por un ángel sagrado; quedamos en vernos "algún día", aunque ambos sabíamos que eso iba a ser muy difícil, era un "adiós para siempre", ambos guardaríamos esta experiencia como única, ambos habíamos sido tocados por Dios, ya nadie nos podría decir que el no existía, luego de decir adiós, volteé y con dirección opuesta avanzaba nuevamente por la misma avenida, y bajaba pensando ¿por qué a mi? ¿porqué me había pasado esto precisamente a mi, que "soy"... ó que "era"... ateo?; hasta hoy busco el significado de aquel día, aún busco saber qué pasó. Algunas personas a las que les conté ésto; entre ellas la mamá de mi mejor amiga, me dijo que Dios tenía un plan para mi, y que aún no se me había revelado, pero que en algún momento iba a pasar, yo la verdad no se que pensar, pero lo que si puedo decir es que a partir de ese día soy otra persona, a partir de aquel día Dios si existe, y cuando algo supuestamente malo me pasa, lo tomo tranquilo, pues se que Dios sabe porque hace las cosas, y seguramente tiene algo especial para mí más adelante, las cosas siempre suceden por algo, ahora que le diría al Padre Efraín Zanga, como negaría las teorías de Santo Tomas, ahora... ¿cómo negar la existencia de Dios?.