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EL LENGUAJE SECRETO DETRÁS DE UNA “AMISTAD” PERFECTA

martes, 8 de abril de 2014
Por Edwar Tenorio Triveño

Me estaba quedando dormido, mis ojos no daban más,… se cerraban, me sentía desmayar, pero no quería perderme una palabra del discurso “El lenguaje secreto detrás de una fotografía perfecta”. Compré dos Red Bull para mantenerme despierto, el taller continuaba mientras bebía a sorbos la bebida fría; y, Carlos Canlé, descifraba parte del secreto, mencionando los iconos más reconocidos a nivel nacional e internacional. Y nos enseñaba a leer una fotografía y descubrir su lenguaje.

Me encontraba en la primera fila del Auditorio, vestía casual; unos jeans rotos y una camiseta verde con un estampado de corbata michi bastante llamativo. Estaba entusiasmado; había viajado seis horas durante la madrugada para llegar desde la ciudad de Tacna hasta Arequipa, solo para asistir al taller de fotografía que dictaba el fotógrafo Carlos Canlé en coordinación con el Instituto Thomas Jefferson y el Instituto Cultural Peruano Norteamericano.

Horas antes me encontraba en el terminal terrestre de Arequipa, eran las cinco y treinta de la madrugada, el sol asomaba sus primeros bríos, el imponente Misti se asomaba son la cabeza despejada, sin la nevada peculiar que casi siempre le acompaña. Escudriñaba mi celular para hacer hora hasta que amanezca, no quería molestar a nadie. Aunque ya había quedado con mi amigo arequipeño Sergio Valcárcel, también fotógrafo profesional, para ir a su casa. Coordine mi llegada por el Messenger del facebook bastaron un par de bromas y el reenvío de su dirección para invitarme a su casa. Compré pan, y antes de tomar el taxi, comí un sándwich con palta y una bebida preparada con quinua y manzana, que siempre tomo al llegar a la ciudad de Arequipa, cual pasaje cabalístico antes de hacer mi primer movimiento en la ciudad.

Sergio Valcárcel, no tiene nada que ver con Gisella Valcarcel, al menos eso creo. Lo conocí hace unos años atrás mientras veía sus fotos por facebook, parecía una buena persona en internet, pero claro, casi todos parecen buenas personas por internet, salvo algunos troll, quienes se dedican solo a molestar.

La comunidad virtual es una sociedad distinta, aquí es más fácil hablar con gente que no conoces, solo basta mandarles una invitación, ó aceptar alguna, para estar en contacto; basta comentar una foto ó hacer una broma, para llegar a compatibilizar con la gente. Muchos de ellos, y lo dicen los psicólogos, colocan su mejor imagen en facebook, lo cual no es necesariamente cierto, muchas personas han empezado a vivir su vida a través de facebook, o de las redes sociales, y están permanentemente conectados. Yo me considero uno de estos personajes, que andan conectados todo el tiempo. Y, Sergio Valcárcel es otro.

No recuerdo si fué en Arequipa o en Tacna, la primera vez que lo vi en persona, así que no puedo describir la primera vez que lo vi; solo puedo describirlo como un gordito simpaticón, aunque reniega con regularidad, casi no se le nota; es una persona fiel a la amistad y respetuoso de la misma, algo egocéntrico tal vez, pero buenísima persona. Sergio se mantiene conectado a las redes sociales casi todo el tiempo, salvo cuando duerme, que es cuando, - según él -, pone el Smartphone en modo avión. Viste blue jeans, y camisa a cuadros, he llegado a pensar que todas sus camisas son a cuadros, y no usa chompa o casaca sino un chaleco de polar que usa por las noches, por si hace algo de frio. Casi nunca siente frio; tal vez solo cuando viaja a Cusco, que es la ciudad donde preferiría vivir al resto de sus días antes de morir. Tiene muchos “amigos”. Los que lo quieren, los que lo estiman y los que se aprovechan de él; es que él… es “bien bueno”.

Hasta hace poco vivía solo, aunque tiene una hija a la que adora, no puede verla muy seguido por circunstancias de la vida que solo le competen a él; yo creo que es un buen padre y que solo es víctima de las circunstancias. Hoy lo acompaña “Waykicha”, que es el nombre de un perro mediano de raza “pug” de menos de un año, que ahora lo acompaña. Waykicha, es igual a él, no puede estar quieto, es muy dulce y juguetón, y es caro… muy caro.

Tomé un taxi dirigiéndome a su casa, me recibió en crocks, shorts y pijama, el pobre no había dormido bien, se notaba bastante despierto temprano en la mañana, a pesar que había tenido sesión fotográfica como hasta las once de la noche del día anterior. Dejé mi mochila y conversamos, sobre lo de siempre, lo que más nos une… “La fotografía”. Eso incluye hablar de cosas como: cámaras, lentes, trípodes, iluminación, tipos de iluminación, anécdotas, sesiones, charlas, seminarios, cursos, exposiciones, cuadros, libros, facebook, amores, rencores, modelos, asistentes, bodas, books, precios, y un gran y enorme etcétera, que acompaña a toda la larga lista de cosas de las que podemos hablar, y que no había reparado en apreciar. Waykicha, me recibió igual que como me recibió él, con una sonrisa en el rostro, un movimiento de cola y una larga serie de cariños, y saltitos de quien recibe a un buen amigo. Sé que no soy su mejor amigo, pero también creo que me considera un amigo, y eso basta para mí.

Pasamos la mañana editando fotografías, lo que me sirvió muchísimo, pues me enseñó su manera de trabajar una foto, que puede distar algo con la mía o no, finalmente son maneras de trabajar. Me enseñó a manejar, a su manera, el denominado “Dodge and Burn” para procesar mis fotografías. 

Como había quedado con Carlos Canlé, para usarlos en el taller, desarmamos todo su estudio; que es un montón de equipo de iluminación, lo embalamos y fuimos a almorzar..., comida nada tradicional…, lamentablemente; pero igual, muy rico.

Al volver llevamos los trípodes, cabezas de iluminación, softboxs, octógonos, etc., al auditorio del Instituto Cultural Peruano Norteamericano, como a las tres y treinta de la tarde, apenas habíamos tenido tiempo para bañarnos, alistar el equipo y almorzar, así que no había podido descansar del viaje o dormir un poco. Luego de armar de nuevo el equipo de iluminación, dentro del auditorio, me senté en primera fila para escuchar atentamente al fotógrafo Carlos Canlé, quien empezó su disertación nombrándome, y haciéndome acordar una anécdota sobre el mapa del tesoro que encontramos en una botella de pisco hace algunos años, cuando dictó un taller sobre semiótica en Tacna, anécdota que escribí en una crónica sobre él.

Cada crónica que escribo, son como hijos que nacen de mi mente y mis recuerdos, que se escapan de mis dedos y reposan sobre el teclado; como semillas de flor que luego germinan; como tallos cortados que se hacen nuevas plantas. Mis crónicas son a veces, como homenajes personales frente a algún acto que me sorprende, me gusta ó me disgusta. El mapa del tesoro en el caso de Carlos Canlé; la sencillez y las exorbitantes sumas de dinero que puedes cobrar por fotografiar una Boda y su estilo, en el caso de Luis Chiang Chang;  La forma de manejar la cámara y la luz, en el caso de Orlando Sender; el gran manejo de la luz y sus premios en el caso de Morfi Jimenez;… Y pensé… debo escribir una crónica sobre Sergio Valcárcel, pues además de ser un gran fotógrafo, y de sorprenderme su humildad, como la de casi todos mis amigos fotógrafos, me sorprende su don de gente, su bondad y su desprendimiento.

Sergio no ganaba dinero al recibirme en su casa, solo una gran amistad, no ganó dinero por prestar sus equipos para el taller, lo hizo porque es amigo de Carlos Canlé, y por la amistad que tiene con el director del Instituto Thomas Jefferson del cual además es docente. Los traslados de semejante armatoste los cubrió él. Yo lo ayudé, porque es mi amigo.

Ayer, luego de salir de aquel auditorio, luego de cenar y comprar mi pasaje de regreso a Tacna; una vez sentado en el bus y cansado por las actividades del día, partí con la certeza de haber aprendido no solo el lenguaje secreto detrás de la fotografía perfecta; sino también, el secreto detrás de una amistad perfecta.

("Borracho en un bar": foto tomada en el taller, como parte del ejercicio, de como engañar a la mente.) 

Y, ese es simple, y vale para las grandes amistades como para los grandes y sólidos matrimonios. “Preocúpate por la otra persona y deja que la otra persona se preocupe por ti”; Sergio Valcárcel no durmió con tal de esperarme, me brindó su casa, la que siento casi como si fuera mía, me dio su amistad y su tiempo, esto último ya es bastante. Brindó todo el equipo de su estudio, porque su amigo Carlos Canlé lo necesitaba para su charla. Nunca dejaste de dar y de preocuparte por tus amigos. Una lección, digna de admiración. Es por ello, que si tengo que elegir cuál de los dos secretos resulta el más valioso; habría que valorar la utilidad de cada uno de ellos. Así, mientras uno; te va a servir para ser un mejor profesional de la fotografía, el otro; te va a servir en todos los demás aspectos de tu vida. Así que, me alegro de haber disfrutado de ambos secretos, pero me quedo con el lenguaje secreto detrás de una amistad perfecta.

UNA SESIÓN FOTOGRÁFICA CON ORLANDO SENDER

jueves, 2 de mayo de 2013


¡Más arriba! – decía  Orlando muy serio y con voz grave, como si quisiera que todos conociéramos su personalidad agresiva y dura; y con el mismo gesto, disparaba una y otra vez colocando una media de nylon sobre el lente Canon 24-70, mientras le pedía a Ximena que bajara un escalón más y abra un poco más los labios. Eran como las once de la mañana y se veía preocupado, como si las fotos no alcanzaran a lograr el objetivo; como si el día se acabara sin haber logrado su cometido. 

Se mordía los labios en señal de desvelo. Orlando había viajado desde Lima para ésta sesión, apenas si había podido pegar los ojos y sentir la suavidad del colchón de aquel hotel cinco estrellas,  para ser levantado por el botones del Hotel, que le avisaba a las cinco de la madrugada que le esperaban en el living del Hotel, para su sesión programada a las siete de la mañana. Tomó una ducha rápida para no hacer esperar demasiado a la persona que fuera a recogerlo. 

Por mi parte, a esa misma hora me encontraba aún en el bus de Tacna a Arequipa; supuestamente debíamos haber llegado a las tres de la mañana, pero nos detuvieron cerca de tres horas en el control aduanero de Tomasiri, sin razón aparente, por “un soplo” según dijeron después, pero no encontraron nada. 

Como a las cinco y treinta de la mañana estábamos tomando el taxi hacia un Hostal con wifi en la Avenida Dolores cruce con la Avenida Los Incas; descansamos un poco y nos duchamos con calma. Mientras me cambiaba; recordé que había apagado el celular durante el viaje; lo prendo y encuentro llamadas perdidas de Orlando, y un mensaje en el whatsapp que decía que no me olvide de recoger las luces de casa de Sergio Valcárcel, otro fotógrafo profesional de la ciudad blanca. El día anterior habíamos conversado y me había dicho que podía llegar como a las siete y treinta, así que no me preocupé mucho; aún no marcaban las siete. 

Pusimos las cámaras en sus bolsos y vestidos con shorts y polos, tomamos un taxi hasta la casa de Sergio; no lo encontramos y al llamarlo, nos dimos con la sorpresa que; Él, Orlando y los equipos ya estaban en San Lazaro. Arequipa, Perú en la Mitchell & Cia. S.A.; y nos fuimos directo para allá. Al llegar nos recibieron muy bien, nos hicieron pasar a una salita en un segundo piso, dónde estaban: Ximena, Diana, Francisca y Marcelo, modelos para la sesión, además de la gente de Styling, Maquillaje; Peinado; asistencia técnica, alimentos, marketing, etc; y Orlando Sender, quien vestía un jean gastado y muy ceñido; un polo blanco en cuello “v”, con el estampado de una calavera dibujada que simulaba ser un cantante de rock; su cabello rapado a los costados al estilo del jugador brasileño “Neymar” y un par de anteojos negros para el sol bastante punk, que hacía juego con las botas negras de tacón. 

El saludo, bastante efusivo, con abrazo y palmaditas en la espalda. Amparo, estaba algo callada para entonces, como desconfiada de la situación. Yo; con mirada de preocupación, por no haber traído la iluminación a tiempo. Preocupación que Orlando disipó rápidamente indicándome que no me preocupara pues Sergio Valcárcel había preferido traerla el mismo. Y; porque yo no había coordinado directamente con él. En fin ya estábamos ahí y las modelos ya estaban casi listas.

Orlando nos mostraba unas fotos de su última sesión, bastante hot por cierto; de una chica muy linda y muy alta en la pantalla de su cámara. Y, en eso estábamos cuando entró una señora rubia de acento agringado, que sin dejar de ser muy natural, daba la impresión de ser muy sofisticada, saludó con cortesía, miró el maquillaje de Diana y Ximena y dijo con acento francés agringado - NO, definitivamente está muy recargado; tienen que cambiarlo suavizarlo, lo quiero más natural – Fernando del Aguila, maquillador profesional, se apuró a calmarla y a retocar de manera inmediata el maquillaje, - así me gusta querida, a mi me gusta que me digan las cosas; hay gente que no habla y al final quedan descontentas, esto sirve para progresar, para avanzar, yo sabía que a ella le iba a gustar el maquillaje más natural, lo sabía.. lo sabía – decía Fernando mientras miraba a una señora con tatuaje de tribal en la cintura a la altura baja de la espalda, como de unos cincuenta y tantos, trasero prominente y cabellos rubios en forma de coliflor, que luego me fui enterando que señora, no era. Quien casi sin hablar, se limitaba a ayudarle a naturalizar el maquillaje. 

Ya casi estábamos listos. La señora sofisticada, cuyo nombre no logré aprender, se me acercó y me dio la mano; ¿es usted el fotógrafo? , preguntó al momento que Nataly le indicaba y señalaba con la mano que el fotógrafo era él, Orlando; entonces le hizo una seña y salieron al balcón mientras Amparo y yo esperábamos cámara en mano, poniéndonos de acuerdo en cómo asistiríamos en la sesión.

Orlando se me acercó y casi susurrando me dijo – no pueden sacar fotos de la sesión – a lo que respondí de manera inmediata que no tenía de que preocuparse, que no había problema; la señora sofisticada le había pedido que haga unas fotos de prueba para ver como se veía el maquillaje; así empezó el día.

Salimos, a un patio con corral, al fondo se podían ver las alpacas, Orlando acomodó a las modelos en la reja de corral justo delante del sol que iluminaba los cabellos y encendía los colores de las chompas de Alpaca que modelaban; nunca había estado en una sesión así, había mucha gente, además de la Cámara de Orlando, habían otras dos cámaras más que disparaban sin cesar una de un hombre de mediana edad y otra de NATALY una niña de 21 años; de tez clara; flaquita, estatura más bien baja, blue jeans y blusita ajustada; ojos achinados y mirada graciosa con la que congeniamos de manera inmediata, al extremo que Amparo me preguntó al oído - ¿y de dónde la conoces?; y yo le respondí con una sonrisa en la cara  - no la conozco, apenas la conocí hoy – ambos reímos. Es que había tal naturalidad en ella, que era como si la conociera de toda la vida; hicimos buena química los cuatro. Nataly había visto mi trabajo fotográfico en el facebook, y al parecer no le disgustaba.

Orlando; se veía incomodo al empezar la sesión; le molestaba ver tanta gente; las cámaras adicionales; las personas que se cruzaban en su foto; que querían arreglarle la chompa, ó el cabello, ó una pelusa al ó la modelo, no lo decía, pero se percibía. Todos opinaban; todos se acercaban a su cámara a ver cómo salió la foto;  -que bonito está el sol, debimos salir más temprano – decían; Orlando en voz baja, pero suficiente como para que escuchen algunos, señaló que los modelos estaban muy duros, - debe ser que hay mucha gente – dijo; pero nadie se dio por notificado.

La señora sofisticada era el personaje importante, ella decidía si la foto estaba bien o no; a ella debía gustarle, total, ella era la diseñadora. Y Orlando lo sabía, y trabajaba con ella, y para ella.
Mi labor; se limitaba a iluminar con el softbox, Amparo, (mi esposa y eterna asistente de iluminación en mis sesiones), se había apoderado del rebotador y buscaba los mejores ángulos para darles luz a los modelos, con la experiencia de Amparo; Orlando casi no debía darle indicaciones. Yo, en cambio, si pedía indicaciones y preguntaba a cada instante si la luz estaba bien donde la había puesto. En varias ocasiones a lo largo de la sesión tuve que cargar el parante y softbox completos para iluminar desde lo más alto, pues el parante no tenía más de 2 metros de altura.

Hicimos fotos en el patio, dentro del corral, en la placita que se encuentra dentro del inmenso local, en la sala de exposición de cuadros, detrás de la ventana, sobre el asiento de mármol,  en la puerta del local, en la fuente de la tienda de expendio de ropa, etc. Nunca había estado ahí, me sorprendía a cada instante de cada cosa que veía y de su belleza infinita en la decoración de cada espacio en aquella empresa: MITCHEL & CIA. 

Como a las once de la mañana, llegó la hora del café, la encargada de los alimentos, había traído a pedido personal los Starbucks cafés; Amparo y yo nos pedimos de “Vainilla” y Orlando de “Moka”; lo disfrute mucho, y sentí que me trataban muy bien; salvo Orlando que seguía diciendo – Edwar ponlo más alto- refiriéndose al softbox. Y su cara de preocupación pues ya era casi medio día y solo había logrado unas cinco de las veinticinco fotos top que debían salir de ésta sesión.

Sobre sus manías. Orlando, tenía su preferida dentro de la sesión, y lo hacía conocer fácilmente, Ximena, era la preferida, y cómo no iba a serlo, si era la dueña de dos hermosos ojos azules como un cielo despejado y una sonrisa blanca y cálida; sus cabellos negros, hacían contraste con la blancura de su piel, y aunque era pequeña, sobresalía con creces en aquel ramillete de bellezas arequipeñas. 

Diana, era sin embargo, el otro lado de la moneda, aquella que saldría siempre en la parte del fondo de la foto, y la verdad no entiendo porqué; si era bella y dueña de una bella y contorneada figura; de un trato agradable y mirada sincera; con cabellos naranjas y ensortijados; pero así somos los fotógrafos; siempre tendremos a nuestra preferida. 


 Cuando salimos a hacer las fotos de aquellos abrigos en la puerta. El sol del medio día asomaba imponente. la iluminación debía ser perfecta y los parámetros de la cámara en frio debían simular el duro invierno arequipeño. Difícil tarea para cualquier fotógrafo, sin embargo, ahí estaba Orlando imprimiendo en su sensor unas  fotazos de invierno y frio en pleno sol de abril y medio día. Aprendí mucho en esta sesión, no solo de Orlando Sender, aprendí del styling, de la ropa, los colores, moda, maquillaje, peinado, de diseñadores y de todo aquello que debía tener una sesión que se digne de llamarse como tal, pues lo teníamos casi todo.

Habían; caramelos, galletas y agua pura al escoger; los cafés deliciosos y calientes y el almuerzo que venía del “Mamut”, todo estaba dispuesto para la comodidad de cada uno de los miembros de la sesión, que se extendió hasta casi las 7 de la noche. Salimos de allí y fuimos a un Hotel cercano llamado “El Molino Blanco”; donde una noche no cuesta más de $100 ó $150 dólares; - Baratísimo!!!! – nos decía la dama sofisticada y diseñadora, haciendo énfasis en la “í”, como para que me lo crea más rápido; mientras me daba más información sobre la Universidad y la Urbanización que estaban frente al Hotel y que le habían malogrado la hermosa vista de chacras, campos y sembríos verdes y de colores que existían antes de que construyeran tales monumentos indeseables en su frentéra.

En aquel Hotel se tomaron muchas fotos; su sala antigua; aquella cocina de piedra y su mesa; también de piedra; esas entradas de luz que iluminaban por sectores y que manejábamos con el softbox acrecentando la luz o maximizando las sombras, me dieron la información necesaria de un curso completo de iluminación rápida avanzada con Orlando Sender (teoría y práctica), que nunca se dictó.

Para terminar; regresamos a la empresa y culminamos las fotos en el almacén de hilados y con las dos artesanas tejedoras, vestidas de color e identidad; con quienes logramos buenísimas fotografías. La confianza para entonces se había extendido; Nataly, Orlando y yo, nos jugábamos bromas, nos hacíamos caras; y pese a la disposición de no tomar fotografías, ya  había hecho varias tomas con mi teléfono Sony Xperia. Hasta la distinguida dama, le pedía a Orlando - otra fotito más, esta vez la última - por decimo cuarta vez, y ella sonreía y reía,  pues sabía que venía la decimo quinta, porque las chompas de $4,000 y las chalinas de $2,000 y $2,500 dólares, aún no habían sido fotografiadas. Con los últimos rayos de sol, y ya incluso, prescindiendo del astro, acabó la sesión entre abrazos y apretones de mano, con una foto grupal que aún no veo en el facebook, y que tal vez nunca veré; con el intercambio de facebook; de teléfonos y correos electrónicos, como si terminara el taller; el evento, el curso, el seminario, como chiquitos de secundaria que no quieren perder de vista aquella persona que conoció en su viaje de promoción.

Fue muy cansado, muy agotador el training; pero muy emocionante estar allí. Como experiencia personal fue muy gratificante, y muy grato compartirlo con Amparo (mi esposa), a quien también le gusta  la fotografía y con Orlando Sender (Winnie Pooh); quien aunque quiso hacerse el duro, sigue siendo esa persona buena gente presta a darte una mano; además, fué grandioso conocer a Nataly (21 años) - . Pensaba; mientras trataba de acomodarme en la escalera de piedra de la puerta principal de la empresa MITCHEL & CIA para esperar el taxi, pues mi columna ya estaba adolorida.

Cuando llegó el taxi, la cereza del pastel se colocó cuando Orlando me pidió mi cámara y me enseñó unos tips interesantes para manejar la cámara y lograr mejores resultados desde allí; antes del procesado, los que atesoro amigo mío. Estábamos listos para empezar el Workshop de Fotografía de Moda que dictó Orlando Sender al día siguiente.